Sexta lección: Cómo hacer el amor toda la noche, o no

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Se puede hacer el amor toda la noche? Sí.
¿Quieres saber cómo?
Antes de contestar te ruego que contestes tu a una pregunta: ¿Por qué quieres hacerlo toda la noche?

Hace algún tiempo escribí un artículo hablando de algo que no existe: la pornogastronomia. ¿Por qué no hay revistas pornoculinarias y vídeos pornogastronomicos?
“Películas sin guión donde solamente se ve gente atiborrandose, siempre de los mismos alimentos y siempre de la misma manera.”
Parece una tontería sin sentido, pero sin embargo la pornografía es algo muy parecido a esto.

Porque nadie se pregunta en “Yahoo! Respuestas”: “¿Se puede comer durante ocho horas seguidas? y como?”.
Porque si busco “comer” en Google,  sólo salen enlaces a deliciosas recetas o consejos para una dieta saludable pero si busco “sexo” encuentro enlaces del estilo “cómo hacer el amor toda la noche”, “tener sexo con dos hombres” o “cómo tener relaciones sexuales cuando tienes un pene grande”?
Por qué no puedo encontrar enlaces parecidos cuando busco informaciones sobre comida, dando respuestas a preguntas interesantes tipo: “como meterse en la boca dos patas de pollo a la vez” o “cómo comer y eructar durante todo el día” o “cómo zamparse una paella bebiendo una botella de Rioja con la nariz? ”
Porque nadie, para estimular el apetito mientras está cenando, se pone un DVD con escenas de personas tragando kilos de lasañas y calamares a la romana, regados con litros de Verdejo?
Y sin embargo, algunos, cuando tienen relaciones sexuales, para excitarse, miran un bonito video porno.
Misterios de la raza humana.

Once minutos, el título de una novela de Coelho, parece ser el tiempo medio de las relaciones sexuales, preliminares incluidos. Poquito, no?
Por supuesto, si se vivieran plenamente esos once minutos, nada que objetar, pero sospecho que no sea así.

Parece que la mayoría de la gente tenga una vida sexual insatisfactoria y por eso necesita desear, fantasear, pensar en lo que podría potencialmente ser su vida sexual si fuera dichosa, sin limites. Pero ¿por qué?
Parte de la respuesta es que no hay libertad sexual real, pero esto no lo explica todo.
Pero volvemos a la primera cuestión.
La verdadera pregunta no es cómo podemos hacer el amor toda la noche, sino come podemos tener ganas de hacer el amor toda la noche. Cómo no aburrirnos. Cómo no caernos dormidos o perderme en fantasías sobre lo que podría ser y no es. Cómo salir de la idea de que hacer el amor se reduzca a un taladréo convulsivo durante unos diez minutos, con el único propósito de alcanzar el orgasmo y liberar tensiones.

Si desconecto la idea de hacer el amor con la idea de mera fricción frenética, si gozo del hecho de acariciar y ser acariciado, alternando la penetración al simple contacto de los cuerpos, si puedo estar relajado, respirando, viviendo y apreciando todo lo que se presenta, sin objetivos a alcanzar, entonces el problema ya no existe.

La cuestión no es, por tanto, cómo adquirir superpodéres o aprender técnicas secretas y puntos esotéricos, sino como volver a ser humanos y maravillosamente sensibles.

Practicad, querida gente, practicad!

Axel Cipollini con la supervisión de Laura Orsina

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Tercera lección: Recuerda que tienes manos…pues usalas! – El Placer de Tocar

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G.L. Bernini, Rapto de Proserpina,particular

Si, como hemos visto en la anterior entrada, todo el cuerpo es sensible, entonces limitar nuestras posibilidades de Hacer el Amor a la convulsa frotación del pene con una mucosa cualquiera, es una triste limitación. Tanto para las mujeres como para los hombres.
Un despilfarro de terminaciones nerviosas, todas potencialmente gozosas! Miles de centimetros cuadrados de piel sin utilizar, que lastima!

Sin embargo las únicas imágenes de relaciones sexuales que internet nos enseña nos recuerdan un martillo neumático enloquecido cuyo único objetivo es perforar hasta el fondo.
La pornografía es una muy mala maestra del placer y una triste caricatura de lo que significa hacer el amor.
Y no estoy haciendo ninguna cuestión moral. Todo el mundo puede vivir su vida sexual como quiere, siempre y cuando su pareja tenga los mismos gustos.
La cuestión es otra: la pornografía nace con el objetivo de hacer dinero, no de volver las personas sexualmente mas libres: si de verdad existiera libertad sexual, el mundo del porno desaparecería en un instante.
Desafortunadamente la pornografía complace las exigencias de un gran mercado que ya existe (y que, en parte, ayudó a crear), satisfaciendo los gustos sexuales y, por desgracia, los límites, de la mayoría de los hombres y de una parte de las mujeres.
La emoción que la pornografía provoca, está toda en la cabeza. No hay ningún contacto, ni olor, ni sabor. Sin hablar de sentimientos.

De hecho, la mayoría de las personas, especialmente los hombres, vive su sexualidad sobre todo de forma mental.
El sexo, sin involucrar todos los sentidos y sin una persona de carne y huesos en los brazos (y esto vale también si hablamos de masturbación!), con sus emociones y su humanidad, es como un ratón sin lengua que intenta saborear un pedazo de queso! Sólo puede imaginar el sabor!

Pero, volvemos al punto: hay más de una consecuencia importante si nos damos cuenta de que todo el cuerpo es una fuente de placer:
– Hacer el amor no es sólo y únicamente penetración;
– Los que comúnmente se llaman preliminares, son una parte fundamental de hacer el amor.
Así, lo que a menudo se vive como algo finalizado al orgasmo se convierte en un acto gozoso de principio a fin! Y, además, los tiempos se alargan …
Pero, ¿cómo? Simple:

RECUERDA QUE TIENES MANOS.
Posiblemente conectadas a los brazos y al resto del cuerpo. E incluso tienes una boca, una nariz y una lengua.
En la imaginación de la mayoría de las personas, con las manos podemos, “por si a caso es necesario”, acariciar la pareja durante los preliminares y, acabados estos (como si fueran deberes!), las manos sirven únicamente para aferrarse al cuerpo del otro durante las frenéticas y convulsas fases siguientes que, ojalá, llevarán al orgasmo de los dos o, mas frecuentemente, de sólo uno de los amantes.

Pero en la posición correcta, nuestras manos pueden llegar a todo, o casi todo, el cuerpo de nuestro amante en cada momento. Acariciarlo, masajearlo, sentir su vibración y su calor. Y esto es maravilloso! Claro, es necesario haber desarrollado o despertado la sensibilidad necesaria para disfrutar de todos estos regalos.
Por supuesto, si eres hombre, utilizando únicamente la posición del misionero, todo esto no es posible! Si no quieres ahogar tu amada bajo el peso de tu cuerpo, los brazos los vas a necesitar para sostenerte!
Pero de las posiciones hablaremos la próxima vez.

Comentad, querida gente, comentad!

Axel Cipollini con la supervisión de Laura Orsina

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Segunda lección: Multi-orgasmos, puntos secretos y…fuegos artificiales

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La obsesión humana por la clasificación afecta también la esfera del placer.
¿Dónde está el punto G? Pero ¿existe realmente un punto G? Y los hombres, ¿lo tienen? No, ellos tienen el punto L. ¡Ah! ¿Dónde está? Es en correspondencia del perineo, entre el ano y el escroto. ¡No! Es en la base del glande, cerca del frenillo. ¡Uh! Pero si hay un punto G, cuando lo estimulas ¿desencadenarás un orgasmo clitorideo o vaginal? Bueno, si el punto G está dentro de la vagina entonces será vagi… ¡No! El punto G es la capa interna del clítoris, así que… Así lo señaló el Prof. Fulano. Pero yo no estaría tan seguro, de hecho el Dr. Fulanito claramente ha refutado la hipótesis que…
Y allá vamos. Interminables discusiones sobre el sexo de los ángeles, cruzadas a la búsqueda del Santo Grial del placer!
Sin embargo, debe existir un truco para que una mujer pueda conseguir un orgasmo parecido a la Noche de S. Juan: fuegos artificiales de gozo espasmódico!
Y el hombre? No, el hombre, no puede! Pero tiene que haber un punto que pueda regalarle incluso al hombre la impagable capacidad multiorgasmica!
En realidad, sí, el secreto existe, pero solo lo conocen unos sabios taoístas, ermitaños de las cuevas himalaianas. Lastima que lo desvelen en punto de muerte y sólo a algunos discípulos de probada confianza! Además sólo si las conjunciones astrales son favorables.

OK, suficiente, vamos a ir al punto (¿cuál? G, L, H…). 
El secreto existe, ¡claro que sí! Sin embargo, es muy difícil descubrirlo. ¿Por qué? Porque es demasiado simple para creerlo. Aquí va:

TODO EL CUERPO ES ERÓGENO

El cuerpo entero puede sentir placer.
¿Gran decepción? ¿Incredulidad? Seguramente habrá alguien que esté pensando que hay placer y placer, y que el placer sexual es otra cosa, que no se puede experimentar un orgasmo si te acaricias un codo.
Ya. Y que tal vez las mujeres sí… pero el hombre sólo es sensible allí, y sólo allí, y necesita ser estimulado allí. De “allí” no se escapa! 
Sin duda hay áreas más o menos sensibles, pero todo el cuerpo, cuando es tocado de manera adecuada, siente placer, o mejor dicho, tiene esta capacidad.
El placer sexual no está únicamente relacionado al orgasmo, no se limita sólo a esos pocos segundos. Pero de esto asunto hablaremos en otro momento.
Las limitaciones, los patrones, los confines, sólo están en nuestra cabeza. Todo está relacionado, todo se funde con todo.
Que el cuerpo, masculino o femenino, sea extraordinariamente sensible, gozoso y con capacidad de sentir en su totalidad, no es algo que podemos averiguar mentalmente.
¡Es el cuerpo mismo que nos lo puede confirmar!
Por supuesto, muchos estarán convencidos de poseer sólo unos pocos centímetros cuadrados de piel sensible y que este es un hecho, por desgracia, irrefutable. Bueno, no.
Desde nuestra experiencia personal, 
todo el cuerpo puede convertirse en un generador de placer, aún si esta no es vuestra realidad en este momento.
Pero, ¿cómo? ¿Cuál es el secreto? ¿Cuál es la técnica? 
Simple.
Para aprender a sentir placer con el cuerpo entero debemos estar en el cuerpo. Y aquí volvemos a la primera lección . Si todavía no lo has hecho, puedes leerla aquí .
La función desarrolla el órgano. Para aprender a sentir tenemos que intentar sentir.
De hecho, podemos practicar cuando queremos, incluso cuando estamos solos, incluso en el metro, incluso en el trabajo, y no sólo haciendo el amor!
Por si lo necesitas, existe una práctica de la tradición tántrica shivaita de alta eficacia (que nos transmitió, más o menos en secreto, un divertido gurú practicante del camino de la mano ambizquierda, D.O., que Shiva lo recompense).
Funciona! También es muy sencilla, al menos aparentemente.
Consiste en prestar total atención durante unos segundos, hasta diez, veinte, a una sensación. En esa fracción de tiempo, relajamos el cuerpo y estamos plenamente en esa sensación, nos metemos en ella, nos sumergimos en sus profundidades, la exploramos como si fuera la cosa más bella del mundo. Más, la única cosa que existe. 
Durante poco tiempo, con la máxima atención.
Después soltamos y volvemos a la “normalidad”. Cuando queremos, volvemos a conectar con esa o otra sensación, y así seguimos, como en un juego.
Pero, ¿qué sensación elegir? Todo vale! 
Empezamos con sensaciones intensas y agradables, como el agua caliente que baña el cuerpo mientras nos estamos tomando una ducha, o la caricia de la brisa primaveral en nuestra cara, aún si en realidad todas las sensaciones merecen ser exploradas: tocar con la punta de los dedos el teclado de una computadora, sentir el suelo bajo nuestros pies mientras caminamos, apreciar el roce de la ropa sobre nuestra piel.
Sólo unos pocos segundos, pero sin pensar absolutamente en nada. Escuchar y nada más. Y, si es posible, olvidando por un momento toda la información que recibimos de los otros sentidos. Aislar sólo esa sensación en particular. Al principio parece imposible, luego se convierte en placer y en gozo.
¿Cuántas veces? Tantas veces como queremos! 10, 20, 100 veces al día. Realmente no es algo que roba tiempo. Podemos hacerlo en todos esos momentos en los que no es necesario poner especial atención a otra cosa. No lo hagas mientras estás conduciendo! Tampoco mientras estás desactivando una bomba o durante una cirugía a corazón abierto! Sin embargo, mientras esperamos en la oficina de correos o estamos de camino al supermercado es genial! Obviamente, podemos hacerlo también mientras estamos haciendo el amor!
La única cosa difícil, al principio, es recordarse de hacerlo, tener un mínimo de continuidad. Pero en algún momento se convierte en algo natural.
Si estamos experimentando con el sentido del tacto, cuando es posible, podemos cerrar los ojos, eliminando así uno de los sentidos mas entrometido, la vista. 
Podemos entrenar todos los sentidos, uno a la vez, obviamente. Pero te sugerimos que empieces por el tacto, continuando con el olfato y el gusto, dejando la vista y el oído como últimos.
¿Cuál es el nombre de esta práctica? Si realmente quieres darle un nombre podemos llamarlas microprácticas!

PS ¿Pero qué tiene que ver todo esto con hacer el amor? Descúbrelo por ti mismo.

Axel Cipollini con la supervisión de Laura Orsina

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