A fuego lento

Vivimos en tiempos acelerados.
Todo es consumido de manera rápida y convulsa, algo es digno de importancia solamente si está vinculado a un resultado, casi siempre evaluado en cantidad y no en cualidad.
Somos consumidores compulsivos y bulimicos de comida y de experiencias.
Tal vez nos podría sorprender si se investigase la relación entre la forma que tiene una persona de comer y su forma de hacer el amor…
Puede pasar con la comida que vayamos tan deprisa que no somos creativos cocinando, ni saboreamos los alimentos, ni disfrutamos de la buena compañía con la que nos encontramos, no hacemos sobremesa.
Lo mismo puede pasar con la sexualidad, sobre todo cuando tenemos un ritmo de vida muy acelerado o cuando llevamos mucho tiempo con la misma pareja, considerandolo todo como “ya visto”, “ya hecho”.
Lo que es muy evidente es que vivir en modalidad “fast-forward” es la receta para una sexualidad muy poco apetecible.
Si seguimos con la metáfora gastronómica, así como el concepto de Slow Food no se refiere simplemente a masticar despacio cuando comes, sino que da importancia a todas las etapas que están involucradas en el proceso de los alimentos, de la tierra a la mesa, el concepto de Slow Sex o Sexo Lento no se refiere tan solo a ir despacio durante el acto amoroso si no que abarca todo lo que rodea a cada individuo, y naturalmente también lo que se vive interiormente.
Y por cierto no hay que confundir lentitud con falta de intensidad, todo lo contrario, las dos pueden coexistir perfectamente y se alimentan la una con la otra, dando nuevo impulso y mayor creatividad y pasión también a los momentos de intimidad en los que no hay mucho tiempo disponible.
No necesitamos aprender tecnicas para encontrar una sensualidad y una sexualidad mas relajadas, mas naturales, mas vividas en lugar de consumidas, menos vinculadas a alcanzar objetivos.
Todo empieza mucho antes de  de llegar a la cama, buscando otro ritmo en nuestra vida diaria, en las cosas habituales y pequeñas de cada día, como si fuera un entrenamiento a la lentitud y a la profundidad.
Podemos explorar la lentitud unida a una presencia consciente y vibrante en el día a día, en nuestra andadura, en nuestra manera de comer, de hablar con otras personas. Poniendo cura en los detalles y amor en cada gesto, como si estuviéramos preparando la mesa y la cena para huéspedes muy importantes y muy queridos.
En lugar de correr atrás de metas y objetivos inalcanzables y perdernos lo mejor del viaje, nos acostumbraremos a vivir nuestra vida, en todas sus facetas, con intensidad y pasión, descubriendo nuevos sabores y reencontrando otros que parecian olvidados, saboreando cada instante como si fuera una comida deliciosa.

Laura Orsina

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